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Ingestión (vía oral o digestiva)

Ingestión (vía oral o digestiva)
La mayor parte de las intoxicaciones se producen de este modo. Los niños pequeños suelen ingerir accidentalmente la sustancia tóxica, mientras que los adultos lo hacen a veces deliberadamente para envenenarse. Las personas que comen, beben o fuman después de haber manejado una sustancia tóxica y sin haberse lavado las manos, pueden ingerir accidentalmente parte de ella. Este descuido es una causa frecuente de intoxicaciones por plaguicidas.
Los tóxicos ingeridos pasan al estómago (fig. 1). Algunos pueden atravesar las paredes del intestino y alcanzar los vasos sanguíneos. Cuanto más tiempo está una sustancia tóxica en el intestino, mayor es la cantidad que pasa a la sangre y más grave la intoxicación consiguiente.
Si una persona vomita al poco tiempo de haber ingerido la sustancia peligrosa, ésta puede ser expulsada del cuerpo antes de que haya llegado a la sangre una dosis tóxica. Por consiguiente, cuando una persona no vomita espontáneamente, suele ser útil provocarle el vómito. Hay otros dos medios de evitar que las sustancias tóxicas pasen del intestino a la sangre:
1) administrar carbón activado, que adsorbe (fija) ciertos tóxicos impidiendo que atraviesen las paredes intestinales; y
2) administrar laxantes para acelerar el paso del tóxico por el intestino y lograr que salga del cuerpo con más rapidez.

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En el capítulo 9 se indica cuándo conviene provocar el vómito o administrar carbón activado o laxantes, y cuándo puede ser peligroso hacerlo.
Las sustancias tóxicas que no atraviesan las paredes intestinales no llegan a la sangre, por lo que no pueden afectar a otras partes del organismo. Después de recorrer el tracto intestinal, salen del cuerpo con las heces. El mercurio metálico, por ejemplo, no atraviesa las paredes intestinales; así, si un sujeto se traga el mercurio de un termómetro, el metal abandona el cuerpo con las heces y no produce intoxicación.